La niña Alegría era una nena muy, muy, muy, muy triste.
Muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy melancólica.
Muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy obscura.
Sus padres fueron a verla recién nacida con su ojeritas, su sombrerito negro y su chupón rococó.
Tenía un gesto de emoción nostálgica y traía una camiseta de Tim Burton.
Así que los padres la vieron y dijeron:
-La bautizaremos como: "Alegría"
Y la llamaron "Alegría".
-La bautizaremos como: "Alegría"
Y la llamaron "Alegría".
Le decían Alegría y le nombraban a Alegría.
Alegría se la pasaba bien en el bosque jugando con las sombras imaginando figuras en las ramas de los árboles, paseando con amigos, como: La Oveja Carnicera, El Koala Destripado, El Jaguar Lisiado y pasó casi toda su infancia con ellos jugando en el bosque, se la pasaba chido.
Cuando Alegría llegó a la adolescencia su familia la llevó a la playa.
El padre la miró y le dijo:
-Esta chamaca esta rete pálida y anémica, un poco de sol le sentara bien.
Y la madre le dijo:
-Si, si, sí. Parece una niña infeliz, tenemos que llevarla a que disfrute de la vida a esta niña.
Y la llevaron a la playa.
En la playa, Alegría se la pasaba haciendo figuras en la arena.
Hacia gárgolas, murciélagos y espantos.
De pronto, un manatí se acercó a ella y le dijo:
-Hola pequeña.
Alegría corrió y le abrazó diciéndo:
-¿Cómo le haces para vivir feliz siendo tan horrendo?
El manatí le miró con cara de hija de la chimoltrufia, tú no estarás tan linda, recién me conoces y me tratas de la patada.
Así que alegría agrego:
-Debe ser difícil para ti, ya que no eres ninguna ballena, un lobo de mar, ni una foca ni nada que se le parezca a algo salido del mar.
Terminando de decir eso, y el animal quejumbroso con cara de ya me estas jodiendo mucho le dijo:
-Hay pen…ja ignorante no soy nada de eso por que soy un manatí.
Y ve enterándote que en el mundo de los manatíes, estoy bien apuesto.
-¡Órale!
Asombrada dijo alegría.
Alegría tomándole de la mano le dijo con voz suplicante:
-Yo quiero contentar a mi padres, pero no se como hacerlo. Ellos esperan algo de mí que no soy.
El manatí alzando la voz y entre olas esparciéndose a su alrededor le miró y le dijo:
-Los que aman comprenden. Los que comprenden respetan. Los que respetan saben esperar.
Terminando de decir eso y un surfista le dio en la cabeza con una plancha de surfear al manatí.
Y se alejo ventando madres:
-Hijos de la ching…ya no se puede maniatar tranquilo, hijo de la ver…llegan estos surfistas dueños de todo y que chin…dre.
Alegría regresó y tuvo su fiesta de quince.
Fiesta de quince, espectacular.
La mejor fiesta que le habían preparado sus padres.
Ese día cayó una intensa lluvia ácida.
Su vestido quedó echo harapos.
El pastel se derritió en la mesa.
Los invitados corrían al rededor de la mesa tropezando, cayéndose, gritando.
¡Era un desmadre!
La niña bailaba sola y la banda desafinaba su lira en un caos absoluto.
Entonces un camarero con un parlante se subió arriba de una mesa y dijo:
-A todos ustedes les vale Alegría. No la quieren por como es. La quieren por como desean que quieran.
En eso un chambelán le gritó:
-¡Al carajo hay un manatí en la piscina!
Alegría sonrió por primera vez, y la fiesta… fue completa.
Fin.
PD: por más que intentemos ser lo que no somos, lo único que lograremos es alejarnos más de la Alegría.
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