jueves, 27 de agosto de 2015

12:00



— ¿Para qué escribes Juan Carlos? 
— No lo sé. Tal vez, sea un desahogo a mis caprichos de soledad.
— ¿Soledad? Te mofas en decir que siempre estas acompañado. No puedes ocultarme nada. Recuerda, lo veo todo.
— No lo creo.
— ¿No? En serio que me haces reír. Mira, hoy pude llevar a la desesperación a un político.
— No tienes remedio. Te gusta hacer sufrir a la gente. Déjalos tranquilos por un instante y que sientan que es vivir. Será glorioso para ellos.
— No digas eso. Jamás lo entenderán. Tampoco lo entiendes. Sabes, algún día que ande de buenas, te llevaré a que conozcas un lugar, te va encantar.
— ¿De verdad?
— Claro. Yo no miento. Y para que lo sepas, en toda esta eternidad nunca he mentido.
— ¿Estás segura?
— ¿Qué sabes?
— ¿Y qué hay con Macario?
— ¿Quieres conocer el lugar de las velas?...

Existo y luego pienso.


Para ser sincero, no sigo autores de renombres y no lleno mi cabeza de ideas de otros. 

Pero, si quiero pertenecer a la élite literaria de ostentosos nombres, debo ser lo mismo, a imagen y semejanza. 

Tal vez, todo ya esté escrito por ellos. Tal vez, ya no se tenga nada por decir. 

Entonces en mi más y estúpido pensamiento, voy a escribir lo que pienso sin importan el que dirán.



De la que se alquilaba para soñar

Hoy soñé con "Frau Frida", la mujer que se alquila para soñar. La única que a Neruda le metió las más profundas epifanías noctambulas.

Aunque no lo admita, seguirá en sus laberintos de palabras que la mantienen perdida. 

También le vi en ese auto a las nueve de la mañana en esa terraza del Habana Rivera, pero estaba con una mirada inerte, dentro de ese auto con su cinturón abrochado. Era como si supiera que es lo que pasará minutos después de que este escritor "García Márquez" terminara el cuento con la misma desgracia para cada quien cuando lo lee. 

No creo en palabras escritas de este señor, sus parábolas para algunos se asemejan a las mías. Esta vez, no murió Frau Frida. Encendió el auto y Márquez la vio alejarse pensando en vete a saber donde.

viernes, 3 de julio de 2015

Luna y Zafiro


Como verán, esto ocurrió en un día normal, como todos los días. Nadie se daba cuenta de que pasaba algo raro, nadie, excepto una niña de 10 años. 

Ella estaba en clases, en una aburrida clase de Comunicación, en donde el profesor les hacía leer un cuento. Se sentía muy aburrida, tanto que se dio cuenta de que no había avanzado nada en la lectura. 

Su nombre era Luna, y le pusieron así porque nació en una noche de luna llena. Creía en cosas que, últimamente, los chicos de su edad ya no creían. 

Bueno, de eso se trata la historia. Cuando estuvo decidida a terminar de leer todo, sintió que alguien tocaba su hombro. Ella, entonces, se dio vuelta para pegarle a la persona que lo hizo, pero se dio cuenta de que era ella la que estaba detrás de todos sus compañeros, al fondo del salón. Pensó que solo era su imaginación, y siguió leyendo. 

Otra vez sintió que alguien le tocaba el hombro, y ahí, ella se dio vuelta muy rápido, y se encontró con un niño. El niño era muy raro: su cabello estaba parado y era de color verde. Sus ojos parecían dos zafiros, y tenía un punto en la frente, como los hindúes lo tienen al representar su 3º ojo. 

Sus ropas eran plantas, que le cubrían todo el cuerpo, y tenía alas, como lo tienen los ángeles. 

Luna se dio cuenta de que no era un compañero de clase, y ningún alumno del colegio. 

-¿Quién eres? - le preguntó Luna al niño. 

-Soy Zafiro - le contestó. 

-¡Qué nombre tan raro! Yo me llamo Luna. 

-Creí que eras humana. 

-¡soy humana! Mi nombre es Luna. ¿Tú no eres humano? 

-Bueno, tengo alas, los humanos no la tienen. Ya te dije que soy un Zafiro. 

-¿Y cuál es tu nombre? 

-No tengo nombre. 

-¿Y cómo te llaman? 

-Zafiro. 

-Pero… 

Luna se dio cuenta de que todos la miraban. Pues claro, imagínense ver a alguien hablar solo, así de repente. 

- Él comenzó - dijo Luna a la profesora, indicándole a Zafiro. 

-¿Quién? 

-¡pues él! ¡Está justo enfrente tuyo! 

-LO ÚNICO QUE VEO ES UNA NIÑA QUE SERÁ LLEVADA A LA DIRECCIÓN, POR INTERRUMPIR LA CLASE Y POR INVENTAR OTRO DE TUS PERSONAJES IMAGINARIOS. Pienso que ya no tienes remedio… 

Luna comprendió que solo ella podía ver y sentir a ese niño. Tuvo ganas de golpear a ese niño por meterla en un lío al interrumpir su lectura. 

-¿Pero cómo es que yo nomás puedo verte? - le preguntó Luna, luego de encerrarse en su pieza, ya que estaba castigada. 

-Porque solo tú crees en cosas que los chicos de tu edad ya no creen - explicó Zafiro. 

-Me metiste en un lío. 

-Perdóname, pero la próxima vez utiliza tu pensamiento para comunicarte conmigo. Tampoco te servirá que me golpees, soy muy rápido y puedo desmaterializarme también. 

-Pero nunca te dije que te iba a pegar. 

-Lo dijiste en tu pensamiento. Y Luna se sorprendió otra vez. Ese ser extraño sí que sabía de telepatía. 

-¿En qué estoy pensando ahora? - le preguntó Luna a Zafiro, y lo primero que le vino en la mente era una estrella fugaz que vio la semana pasada. 

-Tuviste suerte de verla - dijo Zafiro

-¿Y pediste un deseo? 

-Sí, pero aún no se me cumplió. 

Zafiro miró a Luna fijamente a los ojos. Luna tuvo la sensación de que él estaba viendo sus recuerdos, como una visión de rayos X. 

-¡No seas exagerada! - le dijo Zafiro y empezó a reírse. 

-Otra vez leíste mi pensamiento. 

-También supe tu deseo, y te quiero decir que muy pronto se te cumplirá ese deseo que tienes. 

Ya a la noche, cuando Luna estaba durmiendo, Zafiro tocó su cabeza, y le dijo: “despierta Luna, llegó la hora”. Luna se despertó, y Zafiro abrió su ventana. 

Había un caballo con alas afuera. 

-¡Pegaso! - dijo Luna muy impresionada. 

-¿Quieres montar en él? - le dijo Zafiro. Luna se subió, y detrás de ella Zafiro. El caballo movió sus alas, y empezó a volar. Parecían que se habían transformado en el viento, que pasaba a través de las hojas de los árboles, y a través de la gente que caminaba por la calle. 

Luna se dio cuenta que nadie los veía, y Zafiro le dijo que los humanos, generalmente, son totalmente ciegos para ciertas cosas, y los que no lo son, se los consideran muy raros. 

De repente, apareció en el cielo una bandada de pájaros azules, del tamaño de Pegaso. Eran 40 en total, y cada uno tenía encima a una princesa de vestidos blancos y cabellos de oro. 

-mira, son las princesas del cielo - le dijo Zafiro a Luna. 

-¿Adónde van? 

-Van a las Pléyades. ¿Quieres venir? 

-¡Pues claro! 

Y así, Pegaso siguió a esos pájaros azules, y con ellos se unieron otros caballos alados, y cada uno tenía a un niño encima, iguales a Zafiro. También se acercaron hadas de diferentes colores, con una flor cada una. 

Se acercaron también otros seres más, y eran tan extraños que uno no los podía describirlos totalmente. 

Cada vez se acercaban más a las estrellas. Luna sentía cómo volaba a gran velocidad. Todo eso fue tan maravilloso, y fue más aún cuando de repente se encontraron en un hermoso lugar, donde no existía el mal y donde vivían todos los seres que ella creía. 

-Bienvenida al paraíso- le dijo Zafiro, y aparecieron ante ella dos ángeles, que le daban la bienvenida. 

Ella se quedó muda. No sabía qué decir, y lo único que consiguió fue llorar de la emoción. Su deseo se hizo realidad, el deseo de darse cuenta de que aún existen cosas bellas, y que por fin conocía un lugar mejor, donde nadie se burlaba de ella en la escuela, nadie le pegaba por cualquier cosa y nadie le decía que sus sueños eran tonterías. 

A billones de años luz de ahí, en la casa de Luna, se hacía un velorio, ya que encontraron a Luna muerta encima de su cama. Luego de que le hicieron la autopsia, los doctores dijeron a los padres que ella había sido envenenada. 

El papá y la mamá, entonces, se dieron cuenta del error que habían cometido en maltratarla, y no darle oportunidad de hacerla crecer en su imaginación. 

Ellos no sabían quién la había envenenado, pero con el tiempo, descubrieron que fue unas pastillas, que siempre le daban para que pudiera dormir. 

Se sobrepasaron en la dosis, y eso hizo que perdiera el conocimiento, entrara en coma, y finalmente muriera. 

Vivieron durante toda sus vidas en la amargura, y no se daban cuenta de que Luna era feliz en el lugar en donde le llevó Zafiro, donde uno es eterno y no conoce la muerte que siempre nos alcanza en algún momento de nuestras vidas.


La Habitación


Ese día, un mosquito pasa entre dos habitaciones de una noche oscura y silenciosa. Se posa en la cabeza de un hombre, arrullado por el sonido del motor de un refrigerador que se encuentra en su cocina. A lo lejos, también se escucha un ronquido quejumbroso y aterrador de su vecino. El mosquito sólo quiere alimentarse. Tomar parte de aquel individuo que se encuentra dormido con pinta de no despertarse. Es el momento, la oportunidad esperada por aquel mosquito. Entonces, al tomar posición para atragantarse y absorber aquel líquido, escuchó una voz que le decía: No lo hagas. No caigas en la enfermedad humana.  -El mosquito volteó para ambos lados de la habitación y seguía impertinente la voz: No lo hagas. No caigas en la tentación. -El mosquito reaccionó con exclamación: ¿Cuál tentación? Esto es lo que hago y como. ¿Quién eres? ¿Por qué te ocultas? ¡Sal de donde te encuentres!

Al momento de decir esto, una araña bajaba del techo de la habitación apuntando con una de sus patas a una pared.

-¿Lo ves? ¿Quieres convertirte en un humano con sufrimientos?
-¿A qué te refieres? -Preguntó el mosquito con una gran confusión. 

El mosquito volteó su mirada hacía una cruz que se encontraba en la pared y se alejó confundido, aterrado por tal barbarie. La mañana siguiente, aquel hombre se levantó de su cama, hizo acto de persignarse, y planificó su día delante de aquella figura crucificada.


El Ruido de Los Pasos


Caminaban en silencio, por las calles mojadas y silenciosas a media noche. Eran amigos, o eso pretendían. Pero ella hacía tiempo que había olvidado eso y ahora luchaba contra sus demonios internos. Sin mediar palabra, sólo el eco de sus pasos le acompañaban: un incesante golpeteo que parecía burlarse de ella. 

La noche, la oscuridad espesa y el blanco sucio de la luna, contribuían a aumentar su malestar, aquella desazón de su interior cada vez más en cada paso. Se sentía embriagada de esa melancolía que parecía flotar en el aire, emanar desde el suelo y ahogarla. 

Él, con las manos metidas en los bolsillos, continuaba a su lado, como una sombra. Ella vió las pequeñas nubecitas de condensación que formaba al respirar, y un escalofrío la obligo a cerrar los ojos. No era sólo por el frío. Quiso volverse, enterrarse en su pecho y convertirse en una estatua de hielo, en un único bloque que los mantuviera unidos para siempre en aquella maldita noche que parecía no acabar nunca. Quiso sentir el calor de su cuerpo a través de la chaqueta de lana, notar sus manos en su espalda, y sin decir nada, mezclarse en un abrazo que durase para siempre y aún más tiempo, eterno e indestructible. Mirarle a los ojos, y mantener la mirada hasta que el infierno se congelara o la tierra se partiera en dos o viniera el mismo diablo a separarlos. Que las pulsaciones de sus corazones se fundieran en una, marcando el ritmo de su caminar, resonando por las vacías calles con la misma fuerza que la de sus pasos. Convirtiéndose en el pulso del mundo. - Tengo frío... - consiguió decir cuando por fin pudo deshacerse del nudo que ahogaba sus palabras. Y ambos apretaron el paso.

El Cuchillo Sangriento

Esta es una historia de un amigo de otro amigo, que no es su amigo. 

Resulta que en una noche, antes de volar a un país que en la actualidad tiende hacerse muy indiscriminado y despectivo por los desmadres que le han pasado. 

¡Un muchacho decide ir en busca de nuevas aventuras! 

Y puso su navaja en la misma bolsa en la que tenia 2 sándwiches que iba a llevar para comerse en el camino. (Claro como todo buen mexicano siempre improvisamos algo y nos hacemos la idea como aquel comercial o dicho que dice: Hombre precavido, vale por dos.) 

Bueno, y el Wey metió todo adentro. 

Al día siguiente de tanto alboroto pues agarró su bolsa y la puso en su mochila. Entonces hablando y preocupado por el viaje, nervioso, tomando café, pensando por el tráfico, no sé. 

Haciendo cosas que hacemos cuando el tiempo nos tiene encima. Preparo todo para su partida para aquel país cercano y fronterizo y se marchó. 

Llegando a la aduana y pasando por el registro, en el área de inspección un agente le hizo la parada. 

El vale no tenia idea de lo que estaba pasando, pensó que tal vez sería por alguna confusión, o que demostrará alguna identificación. 

Bueno, el se fue entonces con la identificación para ver si había algo malo y así poder resolver este asunto. Tengo cara de latino se preguntaba ya con cara de preocupado. 

El agente frente a su persona abrió su mochila sacando todo y la bolsa de los sándwiches hasta que…. 

¡Moles! 
¡Sacó su navaja de 3 pulgadas de largo! 

Se puso pálido, se sentía avergonzado y el agente le vio con mirada de policía mal pagado diciendo: 

-No, no, no. Chamaco, ¡no! 

No sabía que decirle. (Es para matar el piloto y tomar el avión) 

Entonces preguntó el muchacho con voz preocupada: 

-¿Siendo de tres pulgadas se podría ingresar? 

Así que el oficial agarró el cuchillo y se lo enseñó a todo el mundo diciendo: 

-¡Esto es lo que hace que estados unidos esté inseguro! 

Entonces el muchacho proclamo: 

-¡Señor, señor, tiro la navaja! ¡Renuncio a ella! 

El oficial con cara de enfado le respondió: 

-Si fuese de cuatro pulgadas tendríamos que hablar. 

¡Mierda! 
¿Cómo es esto? 
¿Si fuese una pulgada más, podría causar un desmadre? 

Claro, con tres pulgadas nada mas lastima. Entonces este muchacho solo está dispuesto a lastimar y no a matar. 

Cosas como estas pasan por todas partes de este mundo, hoy por causas y culpas de unos sándwiches nos encontramos de nuevo en este extraño mundo al que pertenecemos. 

PD: Agáchese y cúbrase


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