Entonces, se armó de valor y murmuró en silencio…
ese del que tanto lo sigue.
Trató y trató de perseguir esa idea que en momentos le llegaba; burlona y coqueta para después terminar dejando su cuerpo quieto y sin sentido.
Sólo con su locura serena. En un placer de silencio mutuo.
Todo a su tiempo o todo ya no tiene tiempo.
Ya le llegó la hora de pagar las culpas de los demás. El principal sospechoso de su miedo ha llegado a romperle la madre y restregárselo en su cara para decirle lo pobre que es.
Más bien dicho, seguirá siendo, el peor de todos. El culpable por lo que no termina y por que sigue siendo lo mismo de lo mismo.
Así fue… como un sueño de todo.
Y nada a la vez.

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